Tania Aebi y Varuna: aprender a navegar, atreverse a crecer
La primera vez que un socio toma el timónMecanismo con que se gobierna el barco. En veleros pequeños suele accionarse con una caña; en los mayores, con una rueda., descubre que navegar exige algo más que orientar la proa. Hay que reconocer el viento, escuchar las indicaciones, observar el tráfico y coordinarse con quienes trabajan las escotasCabos que regulan el ángulo de las velas respecto del viento.. Todo parece ocurrir al mismo tiempo. Después, con práctica, esas tareas comienzan a encontrar su lugar.
Los capitanes también conocieron ese comienzo. Antes de conducir una tripulación, tuvieron que preguntar, equivocarse y aprender. Por eso la historia de Tania Aebi puede hablarnos a todos: a quienes recién suben a un velero y a quienes hoy tienen la responsabilidad de guiar a otros.
Este relato está disponible en dos formatos complementarios: el texto que sigue, con sus fotografías y el mapa de la travesía, y un podcast que recorre la historia en conversación. Puedes escuchar primero el episodio —en el auto, caminando al muelle o a bordo— y luego profundizar en la lectura, o leer el relato y dejar el audio como repaso. Ambos caminos llevan al mismo puerto.
Una joven, un barco y un horizonte enorme
En mayo de 1985, Tania Aebi zarpó desde Nueva York a los 18 años. Su padre le había propuesto una alternativa poco convencional a la universidad: un velero para dar la vuelta al mundo. A bordo de Varuna, un balandroVelero de un solo mástil con una vela mayor y una vela de proa. de 26 pies, inició un viaje que terminaría en noviembre de 1987. Regresó con 21 años, después de unas 27.000 millas náuticasUnidad de distancia en navegación: 1.852 metros, equivalente a un minuto de arco de latitud. y de visitar 23 países.[1]
No partía de cero. Antes de aquella salida había navegado con su padre. Lo nuevo era asumir el mando y enfrentar sola una travesía oceánica. En una entrevista posterior, ella misma cuestionó la imagen de una muchacha que no sabía navegar: ya comprendía el comportamiento del barco y del viento, aunque le faltaba mucho por aprender.[2]
Esta diferencia cambia la lectura del viaje. La experiencia previa no resolvía todas sus dificultades, pero le daba un punto de partida. Como ocurre con cualquier navegante, la confianza tendría que crecer junto con sus capacidades.
Varuna: un barco que podía manejar
Varuna era un Contessa 26Velero británico de 26 pies, desarrollado a partir del Folkboat. Se construyó en Inglaterra y, bajo licencia, en Canadá. construido en Canadá por el astillero J. J. Taylor.[3] Con unos 7,77 metros de esloraLongitud del barco, de proa a popa., quilla largaQuilla que se extiende longitudinalmente bajo gran parte del casco. Su longitud se refiere al recorrido de proa a popa, no a su profundidad o calado. También se denomina quilla corrida, aunque esta expresión destaca su continuidad con el casco. En el Varuna, la parte delantera estaba recortada. Favorece mantener el rumbo, aunque dificulta los giros rápidos. y timón en el espejo de popaSuperficie plana que cierra la popa del casco., era un velero pequeño, de cabina reducida y vida a bordo austera.[4] Años después, Tania explicó que a veces había deseado un barco mayor, pero que aquel le resultaba adecuado porque podía manejarlo sin sentirse sobrepasada.[2]
Para nuestros capitanes, esa reflexión invita a conocer profundamente la embarcación que gobiernan. Para los alumnos, recuerda que cada salida es una oportunidad para descubrir cómo responde un velero, dónde están sus equipos y qué exige cada maniobra. La seguridad depende del conjunto: barco, mantenimiento, preparación, tripulación y condiciones de navegación.
Varuna, visto desde nuestro Ciclón I
Quienes navegan en el Ciclón I tienen una referencia cercana para imaginar el tamaño de Varuna. Según la ficha técnica del Club, el Ciclón tiene 8,50 metros de esloraLongitud del barco medida de proa a popa. y 2,90 metros de mangaAncho máximo del barco.. Las dimensiones publicadas del modelo Contessa 26 son 7,77 y 2,28 metros, respectivamente.[4][9]
| Dimensión | Ciclón I | Modelo de Varuna |
|---|---|---|
| Eslora | 8,50 m | 7,77 m |
| Manga | 2,90 m | 2,28 m |
Varuna era, por tanto, aproximadamente 73 centímetros más corto y 62 centímetros más estrecho que el Ciclón. Para quien ha trabajado sus escotas, tomado su cañaPalanca unida al timón con la que se gobierna en veleros pequeños. o compartido una salida con otros socios, esta comparación acerca las dimensiones de aquel pequeño velero. A bordo de un barco de ese tamaño, Tania tuvo que organizar su descanso, sus provisiones y la vida cotidiana durante su viaje.
El Ciclón I está registrado como yate de bahíaCategoría de embarcación deportiva destinada a navegar en aguas protegidas, según la normativa de DIRECTEMAR.. La semejanza de dimensiones no implica igual aptitud ni autorización de navegación: la categoría de bahía corresponde a embarcaciones diseñadas y equipadas para aguas protegidas. La capacidad para otras navegaciones depende también de la estructura, estabilidad, estanqueidad, equipamiento y autonomía.[10]
Bermudas: aprender también fue pedir ayuda
Tania navegaba sin GPSSistema de posicionamiento global por satélite, desarrollado por Estados Unidos.. Para determinar su posición utilizaba el sextanteInstrumento que mide la altura de un astro sobre el horizonte; con la hora exacta y unas tablas permite determinar la posición. y la navegación por estima, basada en el rumbo, la velocidad y el tiempo transcurrido. En su primera travesía hacia Bermudas, cuando tuvo dificultades con los cálculos del sextante, pidió información de posición a otros navegantes por VHFRadio marina de muy alta frecuencia, de alcance aproximadamente visual, usada para comunicaciones entre barcos y con tierra.. Al acercarse a las islas, utilizó también un radiogoniómetroReceptor de radio que indica la dirección de la que proviene una señal, lo que permite obtener una demora hacia la estación emisora. para obtener una demoraDirección en que se observa un objeto o se recibe una señal, medida en grados desde el norte. hacia una radioayudaEstación en tierra que emite una señal de radio para ayudar a los navegantes a orientarse. y orientarse en la aproximación.[2]
Lo más valioso de este episodio es reconocer una dificultad y buscar recursos para resolverla. En el Club, un alumno que pregunta por qué la proa cae, cómo se ajusta una escota o qué significa una marca de navegación está participando activamente en su formación. Un capitán que escucha esas preguntas puede convertir una salida en una experiencia que fortalezca a toda la tripulación.
La confianza se construye cuando comprendemos lo que hacemos, comprobamos el resultado y reconocemos cuándo necesitamos ayuda.
Una vuelta al mundo hecha de etapas
El viaje avanzó hacia el oeste: Caribe y Canal de Panamá; Pacífico Sur y Australia; océano Índico; Mar Rojo y Canal de Suez; Mediterráneo y, finalmente, Atlántico Norte rumbo a Nueva York. Fue una circunnavegación con escalas, que incluyó averías, soledad, dudas y el duelo por la muerte de su madre.[1]
Vista de lejos, la derrota impresiona. Vista de cerca, se compone de tramos muy distintos. Algunos duraron un día; otro, casi dos meses:
Cuatro tramos de la travesía
| Tramo | Fechas | Duración |
|---|---|---|
| Wallis → Futuna | 7–8 jul 1986 | 1 día |
| Futuna → Vanuatu | 10–17 jul 1986 | 7 días |
| Galápagos → Marquesas | 29 sep–23 oct 1985 | 24 días |
| Gibraltar → Nueva York | 16 sep–6 nov 1987 | 51 días |
Fechas según el mapa de la travesía publicado en Maiden Voyage.[8]
La amplitud de la derrota puede impresionarnos, pero también ayuda a pensar en nuestros propios objetivos. Una primera salida, una maniobra de atraqueManiobra de llevar el barco a un muelle, pontón u otra embarcación y asegurarlo. bien ejecutada, una jornada llevando la bitácoraCuaderno donde se registran rumbos, velocidades, horas, condiciones y novedades de la navegación. o una travesía costera preparada con cuidado pueden representar avances importantes. Cada navegante tiene su horizonte y su ritmo.
Durante su circunnavegación, Tania llevó a un pasajero en un tramo de unas 80 millas entre islas de Samoa. Por esa razón, su travesía no cumplió los requisitos estrictos para que el libro Guinness la reconociera como íntegramente en solitario.[5] Sin embargo, este detalle no disminuye la magnitud de su aventura ni el aprendizaje que representó.
De aprender a transmitir
Una parte de su historia especialmente cercana a la vida de un club ocurrió dos décadas después. Entre 2007 y 2008, Tania y sus dos hijos participaron en un viaje familiar a bordo de Shangri La, un velero de acero de 36 pies. Ella condujo la primera parte del recorrido y el padre de los muchachos continuó con ellos desde Tahití.[6]
En su relato describe la preparación de los sistemas eléctricos, mecánicos y de agua antes de partir. En otra entrevista cuenta cómo los hijos fueron asumiendo tareas: tomar rizosReducir la superficie de una vela cuando el viento aumenta., trabajar el fondeoManiobra de dejar el barco sujeto al fondo mediante el ancla y su línea., navegar, cocinar y hacer pequeñas reparaciones.[6]
La joven que había aprendido en Varuna llegó a transmitir experiencia. Esa evolución ofrece una conexión directa con nuestros capitanes: su conocimiento puede abrir el mar a otros. Explicar una decisión, asignar una tarea adecuada y permitir que un alumno la practique con acompañamiento son formas concretas de formar nuevos navegantes.
Lo que podemos llevar a nuestra próxima salida
Las siguientes propuestas son una lectura formativa de su historia para el CNDN:
- Para quien comienza: participar en la preparación del velero, preguntar y asumir una tarea concreta. El aprendizaje también empieza antes de largar amarrasSoltar los cabos que mantienen el barco amarrado para zarpar..
- Para el capitán: compartir el razonamiento detrás de las decisiones. Explicar por qué se elige una derrota o se modifica el plan enseña a desarrollar criterio.
- Para la tripulación: acordar funciones y comunicarse con claridad. Saber quién observa, quién gobierna y quién maniobra ayuda a trabajar juntos.
- Para todos: conversar al regresar. Identificar un acierto, una dificultad y algo que practicar en la siguiente salida permite dar continuidad al aprendizaje.
Toda aventura náutica va acompañada de una preparación responsable. La Regla 5 del RIPAReglamento Internacional para Prevenir los Abordajes (COLREG). Su Regla 5 regula la vigilancia. exige mantener una vigilancia eficaz, y navegar con tripulación permite organizarla.[7] Conocer los equipos de seguridad del barco y repartir las funciones a bordo completan esa preparación. La historia de Tania invita a ampliar nuestros horizontes; también recuerda que la confianza se respalda en conocimiento, prudencia y preparación.
Nuestro horizonte también comienza aquí
Tania relató su viaje en Maiden Voyage, escrito con Bernadette Brennan.[8] Su historia puede inspirarnos por la transformación de una joven que fue adquiriendo capacidades, enfrentando dificultades y encontrando un camino propio.
En el Club Naval de Deportes Náuticos, esa transformación puede comenzar al tomar el timón por primera vez. Puede continuar cuando un socio aprende a trabajar una escota, cuando una tripulación comprende una maniobra o cuando un capitán encuentra la forma de transmitir lo que sabe.
Quizás nuestro próximo destino esté cerca. Quizás algún día queramos navegar más lejos. Lo importante es seguir aprendiendo, compartir experiencias y descubrir que cada nueva salida nos ofrece una oportunidad para crecer como navegantes.
Y crece todavía más cuando ayudamos a otros a encontrar el suyo.
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