Los Tres Mandos del Velero: Escotas, Timón y Desplazamiento de Tripulación
Cómo la propulsión, la dirección y el equilibrio se controlan desde cubierta.
Introducción
Navegar a vela es, en esencia, un diálogo permanente entre el navegante y los elementos naturales. El viento empuja las velas, el agua ofrece resistencia al casco y la tripulación busca el punto de armonía entre ambas fuerzas para desplazarse con eficiencia y seguridad. Sin embargo, para quien se inicia en la náutica, esta interacción puede parecer compleja e incluso caótica.
La escuela francesa de navegación Glénans, una de las instituciones más prestigiosas del mundo en enseñanza náutica, propone un esquema didáctico que simplifica esta complejidad de manera brillante: cualquier acción que realicemos a bordo de un velero puede analizarse según su efecto sobre tres variables fundamentales —propulsión, dirección y equilibrio— y se ejecuta a través de tres mandos principales: las escotas, la caña del timón y el desplazamiento de la tripulación.
Este artículo desarrolla esa matriz de nueve combinaciones y analiza cómo estos principios universales se aplican de forma diferenciada en cada embarcación de la flota del Club Naval de Deportes Náuticos, desde el Optimist hasta el Lancet.
Los tres mandos y sus tres efectos
Antes de analizar cada combinación, conviene definir con claridad los conceptos involucrados.
Los mandos: ¿qué podemos hacer?
Escotas: Son los cabos que permiten cazar (tensar) o amollar (soltar) las velas. Constituyen el mando más directo sobre la superficie vélica expuesta al viento. Cada vela tiene su propia escota: la escota de mayor, la del foque o génova, y eventualmente la del spinnaker. Su efecto primario es sobre la propulsión, pero influyen también en la dirección y el equilibrio como consecuencia.
Caña del timón (o rueda): Es el mando que actúa sobre la pala del timón sumergida a popa. En derivadores y algunos veleros como el Camanchaca se usa una caña; en embarcaciones mayores como el Albatros, Mare Nostrum y Lancet, una rueda de timón con guardines. Su efecto primario es sobre la dirección, aunque cada cambio de rumbo repercute indirectamente en la propulsión y el equilibrio.
Desplazamiento de la tripulación: Es el mando más intuitivo y, a la vez, el más subestimado. Al moverse hacia barlovento, sotavento, proa o popa, la tripulación modifica el centro de gravedad del barco. Su efecto primario es sobre el equilibrio, pero al cambiar la escora y el asiento, también afecta la dirección y la velocidad.
Los efectos: ¿qué conseguimos?
Propulsión: Se refiere a la velocidad del barco. Todo ajuste que modifique la fuerza de empuje del viento sobre las velas o la resistencia del casco en el agua afecta la propulsión.
Dirección: Es el rumbo que sigue el barco. Orzar significa acercar la proa al viento; arribar significa alejarla del viento. La dirección se puede modificar desde los tres mandos, no solo desde el timón.
Equilibrio: Se refiere a la estabilidad transversal (escora) y longitudinal (asiento o trimado) del barco. Un barco equilibrado es más seguro, más rápido y más fácil de gobernar.
Efecto primario y efectos secundarios
Un concepto clave para interpretar correctamente la matriz es distinguir entre el efecto primario de cada mando y sus efectos secundarios. Cada mando tiene una dimensión sobre la que actúa de forma directa, mientras que sus efectos sobre las otras dos dimensiones son consecuencias indirectas:
Las escotas modifican la propulsión de forma directa (son el «motor» del velero), pero al cambiar la presión vélica también alteran la escora (equilibrio) y el balance del timón (dirección).
El timón modifica la trayectoria de forma directa (es el «volante»), pero al cambiar el rumbo modifica el ángulo del viento sobre las velas, lo que afecta indirectamente la propulsión y la escora.
La tripulación actúa sobre el equilibrio de forma directa (es el «lastre móvil»), pero al cambiar la escora y el asiento del barco, repercute en la eficiencia de las velas y en la tendencia a orzar o arribar.
Entender esta jerarquía ayuda al navegante a identificar rápidamente qué mando utilizar como primera respuesta ante cada situación.
Matriz de mandos y efectos
La siguiente tabla resume las nueve combinaciones posibles. Las relaciones se expresan como tendencias generales: en la práctica, cada efecto depende también de las condiciones de viento, mar y trimado del momento.
Matriz de mandos y efectos
Análisis de las combinaciones clave
Escotas y propulsión: el motor del velero
Cuando cazamos las velas, aumentamos la superficie efectiva que captura el viento. El perfil aerodinámico de la vela genera una fuerza de sustentación similar a la de un ala de avión, que se descompone en empuje hacia adelante y fuerza lateral. Mientras más correctamente trimada esté la vela para el ángulo de viento existente, mayor será la componente de empuje y menor la de deriva lateral.
Por el contrario, amollar las velas disminuye ese empuje. Esta acción es fundamental como mecanismo de seguridad: ante una racha fuerte, soltar la escota de mayor es la maniobra más rápida para reducir la escora y recuperar el control.
Timón y dirección: el rumbo del barco
El timón es el mando más evidente para cambiar de dirección, pero su eficacia depende de una condición fundamental: el barco debe tener velocidad. Un timón sin flujo de agua sobre la pala no produce efecto alguno; por eso, en situaciones de poca velocidad (como al salir de una virada fallida), es preferible usar las velas para generar movimiento antes de intentar gobernar con el timón.
Además, cada grado de timón aplicado genera resistencia adicional, lo que actúa como un freno. El buen timonel usa movimientos suaves y precisos, buscando el mínimo ángulo necesario para mantener el rumbo deseado. Sin embargo, conviene saber que el timón no es solo resistencia: cuando el barco está bien equilibrado (las velas bien trimadas y la escora controlada), la pala del timón trabaja como un pequeño perfil hidrodinámico que genera sustentación lateral, contribuyendo a la capacidad de ceñida. El objetivo del navegante es lograr ese equilibrio en el que el timón apenas necesita corrección: es la señal de que las velas y el peso están haciendo bien su trabajo.
Tripulación y equilibrio: el contrapeso humano
En un derivador, el peso de la tripulación puede representar más del 50% del desplazamiento total. Esto convierte a cada tripulante en un lastre móvil de enorme influencia. Al sentarse en la borda de barlovento (hacer banda o trapecio), los tripulantes contrarrestan la escora producida por el viento. Al moverse hacia proa o popa, modifican el asiento longitudinal, afectando tanto la velocidad como la maniobrabilidad.
La interacción entre mandos: navegar como sistema
Lo verdaderamente revelador de esta matriz es que ningún mando actúa de forma aislada. Cazar la mayor no solo afecta la propulsión: también tiende a hacer orzar el barco (dirección) y a aumentar la escora (equilibrio). De igual forma, el desplazamiento de la tripulación hacia barlovento no solo equilibra el barco: al reducir la escora, disminuye la tendencia a orzar y favorece una navegación más recta y veloz.
El navegante experimentado comprende estas interacciones y las utiliza a su favor. Por ejemplo, ante un aumento repentino de viento, puede combinar tres acciones simultáneas: amollar la mayor (reduce escora y potencia), orzar ligeramente con el timón (aleja del peligro de volcadura) y moverse a barlovento (contrarresta con su peso). Estas tres acciones coordinadas logran lo que una sola no podría.
Del derivador al crucero: la matriz aplicada a la flota del CNDN
Los principios de Glénans son universales, pero la proporción en que cada mando influye sobre la propulsión, la dirección y el equilibrio varía significativamente según el tipo de embarcación. A continuación, las claves para cada categoría de la flota.
Derivadores: Optimist y Laser
El mando dominante es el cuerpo del tripulante. En un Optimist, el niño pesa prácticamente lo mismo que el barco; en el Laser, la vela es proporcionalmente grande y genera alto momento escorante. Un movimiento brusco puede provocar volcadura en segundos.
Las escotas tienen efecto instantáneo y dramático. La escota de mayor debe poder soltarse de inmediato. El timón responde con rapidez pero frena cuando se usa en exceso. Ambos barcos llevan aparejo de una sola vela (cat) y orza abatible fija.
La clave es la coordinación instintiva: en estos derivadores se piensa con el cuerpo. El tripulante, las escotas y la caña se manejan como una extensión del propio equilibrio.
Nautisail 15: el escalón entre el derivador y el Ciclón
El Nautisail 15 merece una mención aparte. Con 4,57 m de eslora, 272 kg de desplazamiento y casco de fibra de vidrio, se sitúa en la categoría de velero ligero. Su configuración náutica lo diferencia del Optimist y del Laser en aspectos que son muy relevantes para la matriz de mandos:
Aparejo sloop con foque. A diferencia del Laser (que lleva una sola vela), el Nautisail tiene mayor y foque. Esto significa que el alumno empieza a trabajar con dos escotas independientes y descubre en la práctica lo que la matriz describe en la celda «escotas-dirección»: cazar la mayor tiende a orzar, cazar el foque tiende a arribar. Esta dinámica de balance entre velas no existe en el Optimist ni en el Laser.
Orza rebatible. Igual que el Ciclón, el Nautisail permite izar la orza para navegar en aguas poco profundas o para acercarse a la orilla. Con la orza izada, el barco tiene más deriva lateral y el peso de la tripulación cobra aún mayor importancia para el equilibrio.
Tripulación de 1 a 3 personas. A diferencia del Laser (solitario) y del Optimist (solitario), el Nautisail introduce la navegación en equipo. El alumno empieza a coordinar el desplazamiento de tripulación como un mando colectivo, habilidad esencial para las embarcaciones mayores.
Por estas razones, el Nautisail funciona como un puente formativo ideal: con sus 272 kg ofrece más estabilidad que un derivador puro, pero introduce el aparejo sloop, la orza rebatible y la coordinación de tripulación que el alumno encontrará amplificados en el Ciclón.
Yate de bahía: Ciclón (28 pies · 3,5 t · orza retráctil)
Un caso intermedio fascinante. Con la orza retráctil izada, se comporta como un derivador grande: la tripulación (hasta 7 personas) cobra protagonismo para el equilibrio y el riesgo de escora aumenta. Con la orza arriada, gana estabilidad lateral y se acerca al comportamiento de un quillero.
Gobierno con caña, lo que mantiene la conexión directa y sensitiva con el timón. El alumno que viene del Nautisail encontrará familiar el aparejo sloop y la orza, pero debe aprender a gestionar la inercia de 3,5 toneladas: las maniobras se anticipan más y los movimientos de tripulación se coordinan con mayor antelación.
Costero con caña: Camanchaca (35 pies · 7 t)
El puente entre derivadores y cruceros con rueda. Es un crucero costero con quilla fija, pero se gobierna con caña de madera. El timonel siente directamente la presión del agua sobre la pala: la tensión en la mano informa sobre la velocidad, el equilibrio de las velas y la intensidad del viento.
Manga estrecha (2,9 m) y comportamiento vivo. La escora es más pronunciada que en embarcaciones modernas más anchas, lo que refuerza la importancia de coordinar los tres mandos.
Costeros con rueda: Albatros, Mare Nostrum y Lancet
Los tres grandes cruceros de la flota comparten gobierno mediante rueda con guardines. En cada uno, el mando dominante pasa a ser el trimado fino de las velas.
Albatros (34 pies · 5 t): el más ágil de los tres. Ideal como primera experiencia en crucero costero. El efecto de la tripulación sobre el equilibrio todavía se percibe con claridad.
Mare Nostrum (37 pies · 7 t): el más moderno. Doble rueda, pala balanceada y piloto automático. El gobierno es suave pero menos «transmisivo». Su manga generosa (3,67 m) le otorga gran estabilidad de forma.
Lancet (38 pies · 8 t): el mayor de la flota. Diseño que premia al timonel atento. Su inercia considerable exige anticipar las viradas y coordinar toda la tripulación (hasta 10 personas).
El peso de la tripulación representa menos del 5% del desplazamiento total en estas embarcaciones. Sin embargo, posicionarse a barlovento con viento fresco puede reducir la escora entre 2 y 4 grados, mejorando la eficiencia del velamen.
Comparativa: influencia de cada mando en la flota del CNDN
Las estrellas (★) indican el grado de impacto de cada acción sobre el comportamiento del barco. Explora cada embarcación o compáralas lado a lado.
Influencia de cada mando en la flota del CNDN
Recomendaciones prácticas
Practicar cada mando por separado. Dedicar sesiones de navegación a experimentar con un solo mando. Navegar un tramo solo ajustando las escotas sin tocar el timón permite sentir cómo las velas modifican el rumbo y la escora.
Observar los indicadores del barco. Los catavientos en las velas, el ángulo de escora, la estela que deja el barco y la tensión en la caña o rueda del timón son señales constantes sobre el estado de propulsión, dirección y equilibrio.
Transitar progresivamente entre embarcaciones. La flota del CNDN ofrece una progresión natural: del Optimist al Laser (una vela, solitario), del Laser al Nautisail (dos velas, orza retráctil, tripulación), del Nautisail al Ciclón (orza rebatible, más inercia), del Ciclón al Camanchaca (quilla fija con caña), y de allí a los cruceros con rueda.
Sentir la diferencia entre caña y rueda. El paso del Camanchaca al Albatros o al Lancet es una transición importante. Con la caña se siente la presión del agua directamente; con la rueda, la retroalimentación es más filtrada. Navegar ambos sistemas enriquece la sensibilidad del timonel.
Priorizar la seguridad sobre la velocidad. Cuando las condiciones se ponen exigentes, el equilibrio debe ser la prioridad. Amollar velas y reposicionar la tripulación son acciones que siempre deben estar disponibles de forma refleja.
Aplicar la matriz mentalmente. Cada vez que se realice una acción a bordo, preguntarse: ¿qué efecto tiene esto sobre la propulsión, la dirección y el equilibrio? Con el tiempo, este análisis se vuelve automático.
Conclusión
El cuadro de Glénans que hemos desarrollado en este artículo no es simplemente un esquema teórico: es una brújula conceptual que acompaña al navegante en cada instante sobre el agua. Comprender que todo a bordo de un velero se reduce a tres mandos y tres efectos —y que cada acción produce consecuencias simultáneas en las tres dimensiones— transforma la navegación de una actividad reactiva a una práctica consciente y anticipada.
La flota del Club Naval de Deportes Náuticos ofrece un laboratorio excepcional para vivir esta progresión. En el Optimist, el alumno descubre la potencia de su propio cuerpo como mando de equilibrio. En el Laser, aprende a coordinar peso y escotas bajo presión con una sola vela. En el Nautisail, da el salto al aparejo sloop con foque y descubre el balance entre velas. En el Ciclón, con su orza retráctil, experimenta la transición entre derivador e inercia. En el Camanchaca, siente con la caña de madera cómo el agua habla a través del timón. Y en el Albatros, el Mare Nostrum y el Lancet, comprende que el trimado fino de las velas es el arte mayor de la navegación costera.
En cada una de estas embarcaciones —desde los 35 kg del Optimist hasta las 8 toneladas del Lancet— la matriz de tres mandos y tres efectos sigue siendo la misma. Lo que cambia es la proporción, y es justamente en esa proporción donde reside el arte del navegante.
Bibliografía
Escuela de Navegación de Glénans. (2011). El curso de navegación de Glénans (7.ª ed.). Ediciones Tutor. ISBN 978-84-7902-880-0. (Obra original publicada como Le Cours des Glénans, Éditions du Seuil, París).
Centro de Instrucción y Capacitación Deportiva Náutica
Club Naval de Deportes Náuticos
Glosario Náutico
Definiciones operativas de los términos usados en el artículo.
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