Los Nudos de Tabarly
La filosofía práctica del navegante que cambió la vela oceánica
Artículo complementario recomendado
Este artículo es la continuación de El arte del nudo: la filosofía de Ashley, donde se desarrollan los principios teóricos de la cabuyería que aquí se aplican desde la perspectiva práctica de Tabarly. Durante la lectura se harán referencias a Ashley y se establecerán comparaciones entre ambos autores. Si aún no lo has leído, te recomendamos comenzar por ahí.
→ Leer El arte del nudo ↗El hombre y el mar
Hay navegantes que enseñan desde un aula. Éric Tabarly enseñaba desde la caña del timón.
Nacido en Nantes en 1931, oficial de la Marina Nacional francesa, Tabarly se convirtió en el navegante a vela más influyente de su generación no por sus palabras, sino por sus victorias. En 1964, a bordo del Pen Duick II, ganó la OSTAR (Observer Single-handed Trans-Atlantic Race) Plymouth–Newport con una ventaja que dejó atónita a la flota profesional británica. Repitió la hazaña en la misma regata de 1976, a bordo del Pen Duick VI. Entre ambas victorias, desarrolló una serie de embarcaciones que redefinieron el diseño naval de competición.
Pero lo que distingue a Tabarly de otros campeones no es el palmarés — es la manera en que entendía el oficio. Para él, navegar bien era, antes que nada, conocer el barco con las manos. Cada cabo, cada nudo, cada costura de vela formaba parte de un saber que no podía delegarse. Un tripulante que no supiera resolver solo un problema técnico en alta mar era, en su criterio, una carga para el barco.
Murió en 1998, el 13 de junio, en el mar de Irlanda (frente a las costas de Gales), tras caer por la borda del Pen Duick durante una travesía nocturna rumbo a Escocia. Tenía 66 años.
El libro y su origen
El Guide de manœuvre no nació en un escritorio. Nació en navegación.
Corría 1977. Tabarly llevaba tiempo trabajando en un manual práctico de maniobra cuando invitó al joven Titouan Lamazou —veintidós años, dibujante, sin experiencia oceánica— a embarcar en el Pen Duick VI con destino a las Marquesas. La propuesta era simple: ilustrar el libro durante la travesía.
Lo que siguió fue uno de los procesos editoriales más singulares de la literatura náutica. Lamazou hacía bocetos de cubierta —maniobras reales, marineros reales, nudos ejecutados bajo tensión real— y se los mostraba a Tabarly, que los corregía minuciosamente durante horas sobre la mesa de cartas. No se trataba de ilustrar conceptos abstractos; se trataba de documentar lo que ocurría exactamente en esa cubierta, en ese momento, con ese viento.
El resultado fue un libro que huele a salitre. Las ilustraciones de Lamazou no son diagramas — son escenas. Y el texto de Tabarly no es teoría — es memoria de navegación destilada en instrucción.
«He intentado ser lo menos teórico posible, a fin de presentar una obra esencialmente práctica.»
— Éric Tabarly, Prefacio del Manual de Maniobra
Esa frase es el programa completo del libro, y también la clave para leer su capítulo sobre nudos.
La tesis de Tabarly
El capítulo de nudos del Manual de maniobra comienza con una advertencia que va a contracorriente de cualquier manual de cabuyería convencional.
Tabarly no propone aprender muchos nudos. Propone aprender pocos — y dominarlos sin margen de error. Su posición es directa: para maniobrar correctamente no hace falta imponerse el aprendizaje de los múltiples y complejos nudos descritos en los manuales de cabuyería, que al instante desalientan al principiante. En realidad, basta con conocer cuatro. Pero hay que saber hacerlos a la perfección.
«Mucha gente presume de saber navegar a vela y se encuentra en apuros cuando han de realizar un amarre.»
— Éric TabarlyPara ilustrar el costo de no hacerlo, Tabarly narra una llegada al Puerto de San Sebastián a bordo de un yate francés. Un tripulante experimentado —alguien que llevaba navegando muchos años— desembarca con el chicote del cabo y no es capaz de amarrarlo a la anilla. Tiene que ayudarle un español. El muelle estaba lleno de gente. Tabarly no olvida la escena.
La anécdota no tiene moraleja explícita. No la necesita. La lección está en el silencio que viene después: un marinero que no sabe hacer un as de guía en el momento en que se necesita no es un marinero.
👉 Conexión con Ashley
Tabarly y Ashley llegan al mismo punto desde direcciones distintas. Ashley lo dice desde la teoría: un nudo está correctamente ejecutado o no lo está, no hay término medio. Tabarly lo dice desde la cubierta: el nudo que falla en puerto puede matar en alta mar. Mismo principio, dos voces, ochenta años de distancia.
Los cuatro nudos esenciales
① As de guía
Es el primero que nombra Tabarly, y el que más espacio ocupa en su texto. Lo define con precisión funcional: sirve para hacer una gaza en el extremo de una amarra que se va a encapillar a un noray, para atar las escotas del foque, para hacer un nudo corredizo, para cien ocasiones más. Sus ventajas son dos: seguridad y facilidad para deshacerlo, incluso tras fuertes tensiones.
Pero agrega una condición que marca la diferencia entre el marinero y el aprendiz: es necesario haberlo azocado convenientemente. Un as de guía sin azocar puede resbalar antes de que la carga lo termine de asentar. Este detalle, que muchos omiten, es exactamente el principio del nip que Ashley describía desde la mecánica: la presión interna que genera la fricción. Tabarly llega al mismo lugar desde la experiencia.
② Vuelta de escota
La presenta como la herramienta para unir dos cabos — y aprovecha para despachar el nudo llano en una sola frase: debería estar totalmente prohibido a bordo. Si los dos cabos no tienen igual mena, el nudo llano resbala. Si está muy azocado, ya no se puede deshacer. La vuelta de escota resuelve ambos problemas.
La economía de ese argumento es característica de Tabarly: no explica por qué el nudo llano falla mecánicamente. Solo dice que no sirve y que no hay que emplearlo nunca. El navegante que confía en él aprenderá la lección de otra manera.
⚠️ Tabarly sobre el nudo llano
«El nudo llano debería estar totalmente prohibido a bordo de un barco. No hay que emplearlo nunca.» Ashley llega a la misma conclusión desde la mecánica: bajo carga asimétrica o con cabos de distinta mena, puede volcar y soltarse sin aviso.
③ Medio cote y cote escurridizo
Tabarly los trata juntos como herramientas fundamentales del amarre cotidiano. Recomienda preferir siempre el medio cote doble —dos vueltas en el mismo sentido— al cote simple, ya que ofrece mayor seguridad y fiabilidad en el uso habitual.
Cuando se necesita soltarlo con rapidez, el cote escurridizo es la mejor opción: se hace el primer cote de forma normal (pasando el chicote) y el segundo pasando un seno (bucle). De esta forma, basta con tirar firmemente del chicote para que el nudo se deshaga fácilmente, incluso bajo tensión.
Esta facilidad puede marcar la diferencia entre un atraque limpio y un problema innecesario en un muelle concurrido o en maniobras con prisa.
④ Ballestrinque
Dos medios cotes ejecutados sobre un objeto rígido en lugar de sobre el propio cabo. En su manual, Tabarly se limita a mostrarlo mediante un bosquejo de Lamazou en su contexto natural: amarrar defensas, asegurar un cabo a una bita o a cualquier punto fijo del barco. No lo teoriza — lo sitúa. Es el nudo que el marinero ejecuta sin pensar, porque lo ha hecho mil veces: en puerto y en navegación, de día y de noche.
El nudo de abozar
Cuando la maniobra realmente lo exige
Si los cuatro nudos anteriores forman la base que todo navegante debe dominar, el nudo de abozar pertenece a otra categoría. Tabarly lo deja para el final porque solo cobra verdadero sentido cuando la maniobra lo exige de verdad: un cabo bajo tensión real, una situación concreta y la comprensión clara de por qué se necesita.
La situación típica es la siguiente: dos amarras firmes sobre la misma cornamusa o bita. Se quiere soltar la de abajo, pero la de arriba está trabajando con fuerte tensión. No se puede largar directamente con la mano. Ahí entra en juego el nudo de abozar.
Con una boza —un cabo corto y flexible— se dan dos vueltas alrededor del cabo en tensión, en la dirección del punto fijo. Luego se regresa en espiral en sentido contrario durante unos cincuenta centímetros y se remata con dos medios cotes. De esta forma, la boza toma progresivamente la carga y permite amollar el cabo principal con total control.
Tabarly describe este nudo desde su experiencia a bordo del Pen Duick VI, donde utilizaba un cabo de tergal de 24 mm al que había sacado el alma para conseguir la flexibilidad necesaria. No es un detalle menor: el buen abozar requiere un cabo específicamente preparado.
📌 El nudo que poca gente sabe hacer
Tabarly no lo presenta como algo excepcional, sino como una herramienta indispensable para quien navega de verdad. Quien sabe abozar correctamente tiene una solución para situaciones que para otros serían un problema sin salida.
Más allá del nudo: el oficio completo
Tabarly cierra el capítulo con una afirmación que amplía el horizonte más allá de los nudos: nadie puede considerarse marino si no sabe realizar algunos trabajos de velería y ayuste.
Las costuras de las velas se deterioran con el uso y la sal; hay que saber coserlas cuando se rompen. Un desgarro sin reparar a tiempo puede dejar un barco sin velas en condiciones de izar. Y una jarcia de labor en buen estado exige conocer los distintos tipos de costuras en cabos y cables.
Esta idea —que el dominio de la cabuyería es solo el umbral de un oficio más amplio— abre una dimensión que merece atención propia. La velería, los empalmes, las costuras marineras: técnicas que en la era de los materiales sintéticos parecen obsoletas, pero que en navegación de altura siguen siendo, como en tiempos de Tabarly, una competencia de supervivencia.
→ Próximo artículo
Velería y ayustes: las costuras marineras que Tabarly consideraba indispensables para cualquier navegante de altura. Tabarly ya dejó las instrucciones.
Dos visiones, una disciplina
📌 Ashley y Tabarly: el mismo nudo, dos miradas
Clifford W. Ashley
Observador sistemático · 40 años de registro · 3.900 nudos catalogados
Su pregunta: ¿por qué funciona?
Éric Tabarly
Navegante de altamar · Cuatro nudos elegidos por criterio operacional
Su pregunta: ¿para qué sirve?
Leer a Tabarly después de Ashley no es repetir lo mismo con otra voz. Es completar una imagen que ninguno de los dos termina solo. Ashley da el fundamento; Tabarly da el criterio. Uno explica la mecánica del nip; el otro muestra qué ocurre cuando no está bien asentado, en un muelle de San Sebastián, delante de todo el mundo.
El navegante que ha leído a ambos no solo sabe hacer nudos. Sabe por qué los hace así.
🎧 Escucha este artículo
En 1977, a bordo del Pen Duick VI en Polinesia, mientras Tabarly ultimaba su Manual de Maniobra, la radio seguía siendo el principal vínculo de los navegantes con el mundo exterior. En ese mismo espíritu práctico y directo, este podcast recorre los principios que acabas de leer: la tesis de los cuatro nudos que todo navegante debe dominar a la perfección, el nudo de abozar —que solo se utiliza cuando la maniobra realmente lo exige— y la visión de un hombre que entendía el mar con las manos. Ideal para escuchar camino al club o de regreso a casa.
Los nudos de Éric Tabarly
La filosofía práctica del navegante · 1977
Herramientas de estudio
Un glosario con los términos usados en este artículo y 40 tarjetas de autoevaluación para poner a prueba lo aprendido.
Glosario Náutico
Definiciones operativas de los términos usados en este artículo.
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Tarjetas de Estudio
Tabarly · CICDEN - CNDN
pero los pocos que uses debes hacerlos perfectamente.
o el nudo funciona, o se transforma en un riesgo.
Bibliografía
Ilustraciones y prólogo: Titouan Lamazou
Publicación original: Éditions du Pen Duick, 1978
Edición actual: Éditions Gallimard Loisirs, París, 2017 (3.ª ed.)
Edición en español: Ediciones Cartamar, La Coruña, 2020 · ISBN 978-84-121439-2-8
Traducción: Françoise Pijollet
Centro de Instrucción y Capacitación Deportiva Náutica
Club Naval de Deportes Náuticos — CHILE
Artículo publicado para fines de instrucción en clubdeportesnauticos.cl
Abril 2026
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